miércoles, 3 de septiembre de 2008

La Tercera Ola: Los niños de California

“Fue un verdadero error, algo terrible. Mi curiosidad me jaló al principio, y luego me gustó. Aprendían rápido, sin hacer preguntas. Era más fácil ser maestro.”


Los buenos estudiantes no hacen preguntas.


El Maestro caminaba despreocupado. Su guardia personal se aseguraba de que estuviera seguro. De vez en cuando, algún miembro de su movimiento se acercaba para darle información acerca de posibles infractores entre su gente. El Maestro entonces dispensaba un veredicto rápido y efectivo: el exilio. Y si nadie se acercaba para denunciar a algún compañero, de manera simple e igual de efectiva seleccionaba un nombre al azar de una lista ya preparada, aún si el “acusado” no había dado muestra alguna de salirse de la línea del movimiento.


¿Dónde ocurría todo esto? ¿En algún estado comunista de los años ochenta? ¿Alguna república sudamericana de los 70? ¿O es una imagen de algún estado fundamentalista del Medio Oriente?


El lugar era la escuela Preparatoria de Cubberly en Palo Alto, California, en el año de 1967. Los integrantes del movimiento eran estudiantes de preparatoria, y el maestro era Ron Jones, en su primer año como docente.


¿Si todos los nazis se tiraran de un puente, lo harías tu también?

Todo esto se originó a causa de una clase de estudios sociales que impartía: un alumno le preguntó acerca de la responsabilidad del pueblo alemán en la ascensión al poder del partido Nazi y sus políticas. Para hacer que comprendieran mejor, decidió simular lo que pasaba en ese entonces en Alemania haciendo que sus estudiantes “siguieran órdenes” por un día.


Al llegar a clases el Lunes siguiente, los estudiantes encontraron que sus pupitres estaban alineados de forma meticulosa, y el salón estaba aún más limpio de lo normal. Las luces estaban a medias, y la música de Wagner sonaba mientras entraban y tomaban su lugar. Jones, que hasta entonces había sido un maestro muy relajado en su forma de ser con los estudiantes, les dijo que podía darles la llave del éxito: Fuerza a través de la Disciplina.


Anotó esta frase en grandes letras en su pizarrón, y luego los hizo adoptar una nueva postura para estudiar: la espalda recta, los pies bien plantados en el suelo y las manos detrás de la espalda. También los hizo practicar el entrar al salón de clases lo más rápido posible y asumir la nueva posición, logrando un tiempo de menos de treinta segundos.


Para el final del primer día, Jones dictó algunas reglas: Tendrían que estar sentados derechos antes de que sonara el segundo campanazo, tendrían que pararse para contestar sus preguntas con tres palabras o menos, y tendrían que dirigirse a él como “Sr. Jones”.


Jones pensó que al día siguiente la clase volvería a ser la de siempre, una vez que se dieran cuenta del paralelo con la Alemania Nazi. Pero grande fue su sorpresa al ver que sus estudiantes seguían con la mentalidad del día anterior, sentados de manera militar, listos a recibir sus órdenes.


Confía en mí, todo lo hago por tu bien.

Por un momento consideró parar con su experimento, pero luego fue al pizarrón y añadió la frase: Fuerza a través de la Comunidad. Les dio un discurso acerca de su significado, de cómo la comunidad es algo más grande que uno mismo, algo deseable. Al acabar, les mostró el saludo que deberían hacer al verlo a él o a otro miembro de la clase: Levantar la mano hacia el hombro, con la palma curveada, simulando una ola. Lo justificó con la creencia de que la tercera ola en una serie de tres es la más alta. Con esto, su movimiento quedó nombrado como La Tercera Ola.


Pronto, el movimiento empezó a llamar la atención de toda la escuela. Estudiantes de otras clases dejaban sus salones para ir al de Jones, y pronto tuvo a sesenta estudiantes en su salón. Entonces pasó a la siguiente fase: Fuerza a través de la Acción. Los estudiantes entonces hicieron carteles y bandas para los brazos, y debían hacer publicidad al movimiento a lo largo de toda la escuela. Para el final del día había un enorme cartel en la biblioteca y 200 nuevos miembros para el movimiento.


Para entonces Jones ya disfrutaba de una guardia personal, ya que había establecido que si a algún estudiante no le gustaba como dirigía la clase, solo debía quitarlo de la posición de poder, ya fuera incitando a los demás a iniciar elecciones para un nuevo líder, o “asesinándolo”. Pero para contrarrestar esto, Jones tenía una “policía secreta” que le informaba de las intenciones de estos, y se aseguraba de que todos siguieran las reglas, que ahora incluían las áreas por las que podían transitar libremente o con que personas asociarse.


Se dieron casos como el de un estudiante, que llevando una pistola de juguete a la escuela para “asesinar” a Jones, le comentó el plan a sus amigos. Jones se enteró por medio de uno de ellos y dio un discurso recordando a los estudiantes la pena por tal traición, lo que hizo que el estudiante abandonara el plan. Pero para los estudiantes que querían cambiar la dirección del movimiento por otros medios, había otros problemas aparte: Jones cambiaba las reglas de manera constante, de tal manera que siempre siguiera en el poder.

Para el quinto día, el movimiento había alcanzado una enorme dimensión, sin llamar mucho la atención de los padres y educadores del instituto. Jones se la había pasado esperando que alguien llegara y le preguntara que diablos hacía, para así poder decir a sus estudiantes: “Miren lo que están haciendo, se han convertido en fascistas”, pero nadie lo hizo. Algunos padres prohibieron a sus hijos el participar, pero como siempre sucede, esto solo los hizo querer aún más el ser parte del movimiento.

Un líder fuerte, que nos salve de los socialistas y su medicina socializada.

Jones decidió terminar con el experimento de manera definitiva. Llevó a sus leales estudiantes al auditorio, donde les reveló que La Tercera Ola era más que un ejercicio o un juego: era un movimiento nacional, y más de mil grupos a lo largo del país se levantarían al iniciar un evento al mediodía en el que apoyarían a un candidato presidencial que anunciaría un programa juvenil de La Tercera Ola, para traer al país “un nuevo sentimiento de orden, comunidad, orgullo y acción.”


Sentados con las espaldas bien rectas, los estudiantes miraban con atención un televisor puesto enfrente de ellos, mientras Jones apagaba la luz.


En la pantalla no apareció más que estática. Al cabo de varios minutos, los estudiantes empezaron a mostrarse nerviosos, hasta que Jones apagó el televisor, y se dirigió a ellos, diciéndoles la verdad: No había un líder, no existía un movimiento nacional. Habían sido manipulados y usados, cambiando su libertad por el pensamiento de que eran mejores que aquellos que no eran parte del movimiento. Pensaban que era un juego, y que podían salir en cualquier momento.


Jones entonces les mostró una proyección del Rally de Nuremberg, de las marchas del partido Nazi, los campos de concentración. Al finalizar, les explicó que ninguno de ellos era mejor que los ciudadanos de la Alemania de ese entonces.


“Nos habríamos puesto el uniforme, vuelto la cara cuando persiguieran a nuestros amigos y vecinos, trabajado en las fábricas y quemado libros… El fascismo no es algo que hace otra gente…es algo que llevamos dentro todos, la creencia de que la gente es malvada e incapaz de portarse bien los unos con los otros. De que es necesario un líder fuerte y disciplina para preservar el orden social…Si este ejercicio refleja la mentalidad fascista, ninguno de ustedes admitirá haber sido parte de esto…haber estado dispuesto a cambiar su libertad personal por las órdenes y un líder.”


Los estudiantes quedaron en estado de shock. Algunos lloraban, y empezaron a salir del auditorio de manera lenta, tratando de comprender lo que había pasado. En los años siguientes, ninguno admitió haber sido parte de La Tercera Ola.


Al saber de esta experiencia, muchos calificaron a Jones de irresponsable, pero varios de sus antiguos alumnos admiten que fue una experiencia reveladora, de lo fácil que era caer en las garras del fascismo, y de cómo es posible que esto ocurra, aún entre gente con una educación alta y viviendo en un país democrático, en cualquier época, en cualquier lugar donde la gente este dispuesta a dejar de lado las libertades personales a cambio de promesas de orden y un sentimiento de superioridad.


Para saber más:
Artículo de Wikipedia en inglés
The Wave, película basada en estos hechos
Relato del suceso por Ron Jones
Sitio de Ron Jones

2 comentarios:

Miguel Angel Hernández dijo...

interesante nota, bien.

Cuervoscuro - Abraham Martinez Azuara dijo...

Saludos Luis:

Al leer las notas de tu blog, viene a mi mente una frase del maravilloso comic de "Planetary":

El mundo es un lugar misterioso.
Mantengámoslo así.

¡Un abrazo!