Los reportes indican que se ha extendido al resto del mundo. Las ciudades se encuentran vacías, los sobrevivientes se encuentran atrincherados en sus casas, aventurándose al exterior solo para conseguir comida para llevar o películas de Blockbuster.
El Presidente ha aparecido en televisión. Mientras decía sus mentiras se podía ver en sus ojos un gran temor, un miedo de animal acorralado, sin ninguna ruta de escape. Porque al virus no le importa que título tengas antes de tu nombre, si eres rico o pobre, o si prefieres ver Televisa o TV Azteca. Casi me da lástima. Casi.
La civilización ha colapsado. Y todo porque dejamos de hacerle caso a nuestras madres en cuanto a lavarnos bien las manos. Por eso tecleo usando cinco guantes de látex y encima dos mitones de lana. Ni siquiera los vampiros nucleares como yo somos inmunes.
Por eso tomo tres cuartos de vodka cada día. El alcohol purifica mis entrañas, me mantiene alerta, evita que el virus clave sus garras en mis pulmones casi marchitos por la falta de ejercicio y aire puro. Si pudiera inyectarlo en vez de beberlo sería mejor, pero la última vez que lo intenté, desperté a diez kilómetros de la ciudad, en medio del monte, desnudo y cubierto con una materia pegajosa que sabía a detergente de limón.
Tengo provisiones para dos meses. Al diablo con los hippies anti-globalización: solo en Sam's Club podría haber comprado treinta kilos de arroz blanco, doscientas sopas instántaneas y un tinaco lleno de agua pura destilada por la Coca-Cola Company. Y todo por cien pesos.
La tormenta ha llegado, y la única manera de sobrevivirla es en la seguridad de tu hogar. A la primera señal de disturbios, iré corriendo al bunker que he excavado en el patio, y cerraré la puerta. No importa lo que oiga, no abriré a nadie. En especial a los testigos de Jehová.
Cuando salga, de seguro seré el último hombre sobre la tierra. Me declararé Emperador absoluto del mundo; Señor de las moscas, las ratas y las cucharachas gigantes de ojos azules.
Lo único que me perturba son los sueños: un hombre de negro corre a través del desierto, y Clint Eastwood le persigue.
Por eso guardo una pistola con una bala para mí. Que me condenen si creen que voy a ir al hospital y tomar medicinas cuando ya se acerca el 5 de mayo. Me la pasaría sin poder beber nada de alcohol.
Ese sí sería un destino peor que la muerte.
Referencias:
The Omega Man.
28 Días Después.
The Stand.
Doramas Coreanos.
La Dimensión Desconocida.
The Road.
Monsters.
Lord of the Flies.
ALF.
Night of the Living Dead.
The Dark Tower.
























