domingo, 18 de julio de 2010

Crónicas Nocturnas: Mi Mano y yo.


"Y dime Mano, ¿tú que opinas"

"Eso ya lo sabes, ¿para qué me preguntas?"

La noche empieza bien. Buen rock, la promesa de buenas chelas y buenos amigos.

Pero una hora después, no hay amigos y no hay chelas, porque contrario a lo que la mayoría de la gente cree, no me gusta tomar solo. Es como masturbarse: disfrutas, pero no se compara a hacerlo acompañado.

Me despido de mi amigo Lalo. Me hubiera gustado quedarme a escucharlo tocar, pero para solo escuchar música me quedo en mi casa. No importa que toque muy chido. Lo siento, Lalo.

Camino. Reflexiono.

Mano, cuando fue a comentar a Televisa.


La noche de Veracruz. Todos buscamos divertirnos, pasarla bien, conocer gente; de preferencia del sexo opuesto, y si no, también.

Camino. Me encuentro solo, sin amigos que me acompañen en mis recorridos nocturnos. Los hago tan a menudo que tal vez debieran ser mi nuevo pasatiempo; pero solo por la frecuencia en que lo hago, no porque el caminar solo por las calles solitarias me parezca divertido.

Me da tiempo de estar solo con mis pensamientos.

Camino, pienso, me aburro.

Como cualquier adulto sano, hago lo normal: me invento un amigo imaginario.

Mano. Siempre ahí, siempre dispuesto a acompañarme y a escuchar.

"¿Pero porque sales a recorrer la noche solo, Luis?"

"Por que es la mejor alternativa."

"¿A qué?"

"A quedarme en mi cuarto, solo, sin hacer nada. Fuera, en el exterior, las posibilidades son infinitas."

Mano y yo, en una foto.

Tres años. Desde ese tiempo recorro la noche de esta ciudad, teniendo aventuras y desventuras. Si les contara lo que he vivido, les haría reír, llorar o ambas cosas al mismo tiempo.

Pero nadie pregunta.

"Porque eres introvertido, Luis." dice mi buen mano.

"Si lo fuera: ¿Por qué salgo? ¿Por qué pregunto a los demás como les va? ¿Por qué ninguno de ellos me acompaña a mis excursiones nocturnas? ¿Por qué siempre pregunto a otros como les va, pero ellos nunca me preguntan como me va a mí? ¿Por qué me esfuerzo en buscarlos, pero ellos nunca me buscan a mí, u ofrecen acompañarme en mis excursiones?"

"Porque eres aburrido" dice Mano.

"O tal vez ellos sean cobardes." le respondo, irritado. Pero sé que no es así. Es solo que ellos no tienen necesidad de correr aventuras: a embriagarse, a pasarla bien, y ya está. No quieren nada más, nada menos. En especial los que tienen novia/novio. Beben, cogen y ya está, a ser felices. Nada que ver con nosotros, buscando distracciones.

Camino bajo las luces ámbar. Paso junto a fiestas de otra gente, eventos, y oportunidades de pasarlo bien.

Los ignoro. Porque no estaría bien meterme si no me han invitado.

Mano me habla.

"¿Quién querría conocer gente nueva e interesante? Los humanos somos animales de costumbres: la misma gente que vive en nuestra cuadra, que fue a nuestra escuela, que frecuenta a nuestros amigos. ¿Acaso tú no quieres salir a chupar con gente que conoces? ¿A cuantos desconocidos has invitado a que te acompañen a chupar?"

"Pero Mano, cada que salgo, es que hago el esfuerzo por conocer gente nueva: hombres, mujeres o en medio. He aprendido de vagabundos y recogedores de latas, así como de rockeros, salseros y malabaristas de fuego por igual. Pero nadie nunca pregunta por mí."

"Cuantas aventuras podría contarles, Mano. Pero nunca me creen. Esa es la maldición del aventurero: a menos que estén ahí para verlo, no creen. Pero nunca están dispuestos a acompañar, a soportar el aburrimiento de que nada pase. Siempre piensan que uno exagera.Es como pescar. Lanzas la línea y esperas a que la aventura te jale."

"Si tu vida es tan emocionante, ¿por qué quieres que alguien te acompañe?"

"Porque tener aventuras solo es cansado después de un tiempo. Porque es la naturaleza humana que alguien te acompañe cuando tienes una experiencia chida."

"Dame más chela." dice Mano.

"No, porque te pones loco." le digo. Y tomo otro sorbo.

Recorro la noche. Mano y yo, juntos. Conocemos vagabundos y sus perros, fotógrafos y sus asistentes, teiboleras, chavas bien, viejos, jóvenes, extranjeros y gente de la ciudad por igual.

Porque no hay nadie más que me acompañe.

Al diablo, se lo pierden.

O eso me digo, para consolarme.

lunes, 15 de marzo de 2010

Thomas Leopold: O como aprendí a preocuparme y a odiar la radiación.

La vida te da sorpresas. Algunas malas, y otras horrendas más allá de lo imaginable, como la que veremos en este artículo.

¿Le confiarías tus hijos a este hombre?

Thomas Leopold era un director de escuela en Harrow, Middlesex, Inglaterra, con estudios en Genética y una maestría en Psicología, fundador de un instituto de tutoría para estudiantes de primaria a pre-universitarios, desde 1993.

O al menos hasta que una investigación de la policía en el 2006 reveló que el profesor de 42 años tenía en su posesión imágenes indecentes de menores descargadas de la Internet.

Leopold fue liberado bajo fianza, y no habría mucho de curioso en su caso, uno de cientos que ocurren en el mundo todos los días, de no ser por un pequeño detalle: Leopold sufría de cáncer en la tiroides, por lo que su juicio, que tendría ha lugar en Octubre de ese año, fue pospuesto hasta que su estado de salud mejorara.

Fig 1-A: Como obtener superpoderes.

Su tratamiento concluyó el 3 de Febrero de 2009, apenas una semana antes de que empezaran las audiencias de su juicio. Como parte de su tratamiento, le fue administrado Yodo-131, una sustancia radiactiva que resulta de gran ayuda para este tipo de cáncer, con el pequeño inconveniente de que el paciente debe ser mantenido bajo observación por un periodo de seis semanas, para asegurarse que la sustancia deje su cuerpo sin problemas, ya que la medicina convierte todo su cuerpo y fluidos corporales en un potencial riesgo de contaminación radiactiva, sobre todo para mujeres embarazadas y niños pequeños.

Detengámonos por un momento para apreciar la situación: Un hombre con una educación e inteligencia muy por encima de la media, con tendencias pedófilas, se vuelve un riesgo aún mayor para el público gracias a la radiactividad.

Con sus nuevos poderes, Thomas Leopold se las arregló para escapar de la justicia: el 5 de Febrero del 2009, Leopold fue cuestionado por agentes de la ley al descubrir que estaba a bordo de un ferry hacia Irlanda. Argumentando que las condiciones de su libertad condicional habían cambiado para así poder ir a visitar a su madre, los agentes le dejaron que permaneciera encerrado en su auto tras mostrarles la tarjeta médica que comprobaba su actual estado nuclear.

Imagina que les salen pies y quieren verter su contenido dentro de tus hijos.

Y entonces desapareció.

Su repentina ausencia desató una gran preocupación entre la gente del Reino Unido. Las autoridades recomendaron a los agentes de la ley que tuvieran extremo cuidado al capturarlo, ya que podría transmitirles la radiación extrema con solo tocarlos a ellos u objetos que estuvieran cerca, y que no se tomaran esta advertencia en broma.

Por suerte para el público, Leopold reapareció a principios de Abril del mismo año, y se presentó ante la corte para responder por sus crímenes. El juez a cargo de su caso le dejó en libertad, tomando en cuenta su pobre estado de salud y su anterior buen comportamiento.

El Mundo Real, ese lugar que has creído tan seguro y libre de los peligros irracionales de los cómics, TV y películas, se las ha arreglado para crear un ser horripilante salido de nuestros peores miedos. De ahora en adelante, cuando tus hijos te pregunten si el Coco existe, pausaras un momento antes de responder, porque en un mundo en el que ha existido un pedófilo radiactivo, es un mundo donde ya nada es seguro.


Para saber más:

Artículo del Daily Mail (inglés)

Artículo del Daily Mail de su reaparición (inglés)

Nota en Absurdidades

viernes, 1 de mayo de 2009

El Vampiro de Neptuno: El Hombre Ωmega

Ni Charlton Heston puede salvarnos.

Ha pasado una semana. Una semana desde que la epidemia fue identificada en la capital.

Los reportes indican que se ha extendido al resto del mundo. Las ciudades se encuentran vacías, los sobrevivientes se encuentran atrincherados en sus casas, aventurándose al exterior solo para conseguir comida para llevar o películas de Blockbuster.

El Presidente ha aparecido en televisión. Mientras decía sus mentiras se podía ver en sus ojos un gran temor, un miedo de animal acorralado, sin ninguna ruta de escape. Porque al virus no le importa que título tengas antes de tu nombre, si eres rico o pobre, o si prefieres ver Televisa o TV Azteca. Casi me da lástima. Casi.

L-U-N-A. Eso deletrea que estamos perdidos.

Más noticias en la tele: Nueva York está infectado. Londres también. Corea del Sur igual, a pesar de que ahí usan los tapabocas hasta para comer y apagan los ventiladores en la noche para que no les roben el oxígeno. Y con lo que me gustaban sus telenovelas.

La civilización ha colapsado. Y todo porque dejamos de hacerle caso a nuestras madres en cuanto a lavarnos bien las manos. Por eso tecleo usando cinco guantes de látex y encima dos mitones de lana. Ni siquiera los vampiros nucleares como yo somos inmunes.

Este hombre sabe que hacer. Haz lo que él diga.

Duermo con un ojo abierto y el otro también. El virus espera el momento en que más te descuidas para agarrarte y enfermarte. Viaja por el aire, desde su lugar de incubación en las axilas de los puercos del mismo Sátanas hasta el interior de nuestros pobres cuerpos debilitados por la contaminación y la falta de siestas.

Por eso tomo tres cuartos de vodka cada día. El alcohol purifica mis entrañas, me mantiene alerta, evita que el virus clave sus garras en mis pulmones casi marchitos por la falta de ejercicio y aire puro. Si pudiera inyectarlo en vez de beberlo sería mejor, pero la última vez que lo intenté, desperté a diez kilómetros de la ciudad, en medio del monte, desnudo y cubierto con una materia pegajosa que sabía a detergente de limón.

Tengo provisiones para dos meses. Al diablo con los hippies anti-globalización: solo en Sam's Club podría haber comprado treinta kilos de arroz blanco, doscientas sopas instántaneas y un tinaco lleno de agua pura destilada por la Coca-Cola Company. Y todo por cien pesos.

No le di propina al cerillo porque no tenía cambio.

Estuve tentado a aprovechar la oferta de productos de carne de cerdo, pero me contuve. Puede que el virus este acechando en las profundidades de un paquete de salchichas de viena marca Duby. Ni siquiera la mostaza podría matarlo; solo lo haría más fuerte, más rápido, más letal.

La tormenta ha llegado, y la única manera de sobrevivirla es en la seguridad de tu hogar. A la primera señal de disturbios, iré corriendo al bunker que he excavado en el patio, y cerraré la puerta. No importa lo que oiga, no abriré a nadie. En especial a los testigos de Jehová.

Cuando salga, de seguro seré el último hombre sobre la tierra. Me declararé Emperador absoluto del mundo; Señor de las moscas, las ratas y las cucharachas gigantes de ojos azules.

Lo único que me perturba son los sueños: un hombre de negro corre a través del desierto, y Clint Eastwood le persigue.

En este universo, las rosas cantan Reggaeton.

¿Será el primer síntoma? ¿Estaré condenado, antes de siquiera empezar a pelear?

Por eso guardo una pistola con una bala para mí. Que me condenen si creen que voy a ir al hospital y tomar medicinas cuando ya se acerca el 5 de mayo. Me la pasaría sin poder beber nada de alcohol.

Ese sí sería un destino peor que la muerte.

Referencias:
The Omega Man.
28 Días Después.
The Stand.
Doramas Coreanos.
La Dimensión Desconocida.
The Road.
Monsters.
Lord of the Flies.
ALF.
Night of the Living Dead.
The Dark Tower.